A photographic journey through Senegal: part 2

The first

Nafi is the first wife. Beautiful, majestic woman, the leader of the group, who quietly sits in the back of the bus and rest her green-turbaned head on the seat. There is a man with a mic in the front of the bus; he is explaining the local traditions and doesn’t look very happy on having a woman as a supervisor. He seems to be the traditional kind and speaks about how costumes are changing, and how much he dislikes that.

He told us that, traditionally, the Senegalese’s women, once they got married they would go to live to the husband`s house. If we take into account that it is a custom to have several children, wouldn’t be awkward to see one house with many men and their respected wives. And, if we want to take another step away from the western civilization, this men are allowed to marry wives. I think it is too many women together. Nefi thinks so too.

“But now the women don’t want to live with the mother-in-law!”, the guide moaned. And, apparently, they don’t want the husband to take a second wife either!

I asked Nefi if she was married. She said yes, and that she had a daughter. Then I asked if the husband had any other wife. “Just one more”, she said, “but I am the first”, and I heard the sound of pride in her tone of voice.

The second wife lives downstairs, with her two daughters, and the husband takes turns to sleep with both wives: two nights with each. She told me both women have a good relationship and the three daughters are very good friends.

“I was lucky”, she told me, “my husband is my best friend”. And because of that respect, he told her when he decided he was taking a second wife. Her voice broke as she said that it is such a sad moment in life; usually the family of the new wife takes gifts for the first. She had asked her husband that if he ever wanted to take a second wife, to tell her, and he did. So, when the moment came, she was as ready as she could possibly be.

She told me that of course she supports the tradition in her country: the more children a man has, the more help he will have when working the farm. But -she doesn’t live on a farm.

Español:

La primera

Nafi es la primera esposa. Es una mujer hermosa, grande y majestuosa que, con su traje y turbante color verde, lidera el grupo. Al que nos cuenta sobre las costumbres locales, tener una supervisora mujer parece no hacerle gracia. El guía es un hombre muy tradicional quien no dejó pasar momento para contarnos cómo no le gustaba que las tradiciones estuvieran cambiando.

Según él nos explicó, las mujeres senegalesas, al casarse, van a vivir a la casa del marido, con la madre del marido y, teniendo en cuenta que lo común es tener muchos hijos, probablemente, también vivirían con los hermanos y las esposas de esos hermanos. Todas esas personas bajo el mismo techo sin tener en cuenta que la tradición musulmana les permite tener varias esposas. Así que estamos hablando de varias esposas de un mismo hombre viviendo con la suegra, con los cuñados y con todas las esposas de esos cuñados. A mí me suena a muchas mujeres juntas. A Nafi también.

“Pero ahora las mujeres no quieren vivir con la suegra”, dijo el guía con un tono de voz de descreimiento. ¡Y parece que tampoco quieren que el marido se vuelva a casar!

Le pregunté a Nafi, entonces, si ella estaba casada. Me dijo que sí, y que tenía una hija. Le pregunté si su marido tenía más esposas. “Sólo una más”, me respondió, “Pero yo soy la primera”, y un dejo de orgullo se escuchó en su voz.

La segunda esposa vive en el piso de arriba, con sus dos hijas, y el marido se turna al momento de dormir: dos noches con cada una. Por suerte, me contó, las dos mujeres se llevan bien y las hijas son muy amigas.

“Tuve suerte”, me contó “mi marido es mi mejor amigo”. Y con mucho respecto a esa amistad, él le contó que se iba a volver a casar. Su voz se quebró al decirme que es un momento muy triste y que, generalmente, la familia de la nueva esposa le da regalos a la primera esposa. Pero ella le había pedido a su marido que si alguna vez quería volver a casarse, que le contara. Y él respetó ese pedido, así que al llegar el día Nafi estaba tan preparada como podía estarlo.

Me contó que claro que apoya la tradición de su país que es necesaria porque cuantos más hijos tiene un hombre, más manos de trabajo tendría para la granja. Pero ella, me dijo enseguida, no vivía en una granja.

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