La relación con mi mejor amiga

La harina.

¡Claro que sí!

Ella está cuando más la necesito. Está cuando me siento sola, feliz, triste. Después de cada examen que aprobé y, especialmente, después de cada examen que reporobé. Cada rechazo en un nuevo trabajo, ni que hablar de las relaciones fallidas. La harina me da palmaditas en la espalda y me dice que todo estará bien, solo tengo que dar otro bocado.

La harina y yo tenemos una relación muy estrecha en la que yo soy incapaz de sentirme sola si sé que ella me está acompañando. Jamás, en veintinueve años de vida, me ha fallado.

Solo que he decidido romper esta relación. He decidido saltar al vacío, experimentar nuevos sabores, relacionarme con otras cosas. Y tres semanas después, en lugar de extrañar a mi mejor amiga, me doy cuenta de que la harina era esa mina pesada que sale a emborrcharse y cargarse pelotudos todos los fines de semana. Esa que es amiga de una amiga, pero te la tenés que fumar todo el tiempo porque no tiene nadie más con quién estar. La que te grita cosas en público para abochornarte.

 

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