El hilo rojo

hilo rojo2Ahora ese mito popular japonés se ha vuelto famoso. Algo que se divulgó para darle sentido a las adopciones, la sociedad moderna actual lo ha desvirtuado para justificar los amores románticos. No le quito el mérito, la historia es tan linda que todos queremos tener el pulgar atado al del ser de nuestro afecto (el mío se sigue enrollando el hilo).

Pero mi hilo rojo del destino, sin dudas, que está unido al de mi amiga de toda la vida. No es mi amiga del alma, tal vez ni siquiera la mejor amiga, esos son títulos que se llevan otras personas. Pero amiga de toda la vida tengo una sola y es ella.

El hilo se creó desde que estábamos en período de gestación, cuando mi mamá y la de ella se hicieron amigas en las clases de parto. Y como el hilo puede estirarse y enredarse pero no romperse, quiso ese destino que cuando mi familia se mudó de casa, caímos a la vuelta de la casa de ella. Así que bueno, desde los 3 años venimos cargando la una con la otra. Desde las vueltas en bicicleta, las primeras salidas a bailar, los primeros novios, las caídas en la moto, escapadas del liceo…

 

Ahora llega la gran aventura para ella, porque en un par de semanas nace Francesca, su primer hija. Ahí voy yo, tocándole la panza a ver si me patea la nena, entrando a tiendas de bebés y no entender nada de lo que me dice la vendedora, organizando baby shower con supervisión adulta.

Tenemos muchas personas importantes a lo largo de nuestra vida, pero son pocas las que nos acompañan por cada camino, aunque sean diferentes de los que ellos mismos elijan.

Cata Ale Emiliano y Pedro

 

 

Esas mentes analíticas

Mucho de cómo me siento a recitar la Ilíada para ver si mi hermana la recuerda. También mucho de yo poniéndole películas a ella. Y he hablado un poco también de la rapidez mental de mi hermana para las respuestas divertidas.

Ahora, cuando la que tiene que rendir soy yo y la materia es de tomar decisiones que “tienen que estar sustentadas con números”, la que pone cara de poker y solo puede pensar en que es ultra necesario decir algo inteligente, esa también soy yo.

El que está frente a mí es mi hermano (menor), con su hermosa cabeza analítica, que al abrir una planilla de excel,  ve datos en lugar del arte abstracto de mal gusto que yo distingo. Él ve información, él puede medir y comparar.

Y lo miro. Hay mucho de mirarlo mientras simulo que lo escucho, cuando en realidad pienso en la total empatía que hago con mi hermana en ese momento.

Mi hermano, que estimuló desde chiquito la paciencia que nos faltan a mi hermana y a mí (especialmente porque le tocó ser el hombre del medio, cuando los panes del sandwich somos dos mujeres), él vuelve a explicar, él me señala los números y las gráficas y trata de hacerme partícipe de las decisiones.

Incluso me da ánimos, porque cuando le digo: te juro que estoy tratando de decir algo inteligente, él responde: vas bárbaro. Y es una mentira que yo me quiero creer.

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Basta de comer libros

Hay una nueva metodología de estudio.

Desde siempre mi madre me obligó a ayudar a mi hermana a estudiar. De esa forma, con la responsabilidad de la mayor pesando sobre mis hombros, rendí historia de quinto y sexto de liceo dos veces (una por mí, una por mi hermana), literatura de quinto y sexto de liceo, vaya uno a saber cuántas veces (una por mí, el resto por ella). Si un día me rebelaba contra las demandas de mi madre porque, bueno, los exámenes se daban en diciembre o febrero y, ¿quién quiere quedarse a comer libros en esos meses? ¡El cielo se caía! Entonces, además del peso sobre mis hombros, también estaba el cansancio de mis pies y prefería encerrarme en una habitación con aire acondicionado a repasar temas literarios de la Grecia antigua a enfrentarme al Cancerbero disfrazado de mi madre.

Bueno, los años pasaron. Mi hermana es una hermosa mujercita de piernas largas y sonrisa que embelesa. Estudia algo poco relacionado con los libros, como era tan predecible desde aquellos años del liceo: Diseño de moda. Igual, de historia del arte no zafa. Y, resulta, yo tampoco.

Vivimos juntas.  Es una de las mejores cosas de mi regreso a Uruguay: compartir el sillón con ella cuando nos tiramos a mirar una película o comer las milanesas quemadas, porque ninguna de las dos se preocupa por ver qué tal van en el horno. Ella ensucia y yo limpio, ella prepara el mate y yo tomo.

Ella tiene que rendir Historia del arte, y yo estudio también.

Tenemos recuerdos bonitos, que aún ahora nos quitan una sonrisa, de aquellas épocas de estudio juntas. El más antiguo: ella estaba en la escuela y el tema para la prueba de historia era la Revolución Industrial. ¡Cómo le costaba acordarse de la palabra burgués! Entonces se me ocurrió un ayuda-memoria facilísimo: hamBURGUESa. Si habrá sido bueno que aún nos acordamos. Estudiábamos mitología griega, le pregunté quién era Zeus y su respuesta rápida fue: uno ahí que no creo que conozcas. Y con historia, los siglos eran los siguientes: s. XVII, por ejemplo, se traduce a “equis ve palito palito”.
Muchos berrinches de ella porque no quería estudiar, muchos berrinches míos porque no quería tener que estudiar algo ajeno. Resulta que pasé los últimos dos días preparando Historia del arte del s. XX: Art Nuveau, Post Impresionismo y Vanguardias. A ver, yo rendí esa parte de la historia del arte en segundo de facultad, en el 2007. Fue mi peor año de facultad por lejos y la única materia que me gustaba resultó ser Arte. También sucedió que la profesora que tenía, María Ott, era una genia cuando tenía que hablarnos de Gaudí y de las historias alrededor de la oreja de Van Gogh. Tan buena era ella, que tantos años después aún recuerdo tantas cosas.

Pero entre los apuntes, los datos de wikipedia y Medianoche-en-Paris-Texto-1algún repartido que ella sacó de facultad, resulta que a mi hermana aún no le gusta estudiar y cuando no quiere, no se acuerda ni de los nombres más fáciles: le pregunté un artista del Surrealismo y no fue capaz de recordar ni a Dalí, así que ta. Todo tiene un límite y el mío va de la mano de los relojes derretidos y del Gran masturbador. Así que le pedí que deje los libros a un lado, la senté frente a la tele y puse Medianoche en París. Si no se acordaba de mi voz repitiendo “Dalí” constantemente, que se acordara de Adrien Brody.

¡Sucedió!

 

P.D.: en la época en la que yo tuve que rendir Arte del s. XX, que también era verano y también me daba pereza estudiar, yo vivía con dos amigas (Pamela y Soledad), que estaban en la misma situación que yo (de estudio, una Derecho, la otra Enfermería). Pero me las ingenié para robarles momentos vanguardistas. Pueden ver el post que hice en el blog que tenía en aquel momento aquí: http://otra-sinfonia.blogspot.com.uy/2007/12/el-arte-que-ilumina-nuestras-vidas.html

 

 

 

 

 

Tránsito

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En Tránsito: de regreso a casa desde Londres.

Cada vez que cuento que tengo que pasar horas en tránsito en algún aeropuerto la gente, que trata de ser simpática, me da tantas opciones: las salas VIP, primero y sobre todas las cosas, o que puedo descansar, me dan series para que mire en la computadora; siempre se lamentan por mí ¡qué feo, 8 horas de espera! Ay sí, qué feo.

Solo que a mí me encanta.

Ese momento en el que no estás ni en un país ni en el otro, donde todo lo que se tiene en la vida es el pasaporte, una mochila de viaje y la posibilidad de comprar café al doble del precio de cualquier cafetería de calle.

De verdad que me encanta: horas enteras solo para mí, horas en las que no tengo que preocuparme de nada. Puedo escribir, puedo mirar esas series que mis amigos me han pasado, puedo pensar en la vida o mirar como se comportan las personas a mi alrededor. Los últimos viajes he tenido entre 8 y 6 horas de espera, esas son muchas hojas escritas, demasiados pensamientos, mucha observación a personas que no conozco.

Ahora comienza un nuevo capítulo: uno en el que puedo sentarme en el mismo sillón, apoyar la cabeza en la misma almohada, ver el mismo árbol afuera de mi edificio. Ahora comienza un estilo de vida muy tranquilo, donde la gente se demora días en responder un email. Este capítulo es como estar en tránsito indefinidamente.

Los tripulantes de los barcos de crucero (no quiero generalizar porque nunca trabajé en otro tipo de barco) nos referimos a la vida afuera de los barcos como la “vida real”; me parece muy gracioso ya que nunca nada se sintió más real que vivir y trabajar en esos barcos.

Me temo que existe la posibilidad de que los posts se vuelvan mucho más personales de ahora en más.

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World Photography Day

The World Photo Day team chose the 19th of August to celebrate photography because it was the date the French gobernment bought the patent of the daguerrotype “as a gift free to the world” (http://worldphotoday.com/about). And we all thank them for that!

This page opens a section to submit one picture per photographer for a week. You may be an amateour photographer or profesional, as long as you love your camera, you are welcome to celebrate this day. And I just find amazing how many pictures from all over the world you can already find in the page.

You may see the picture I uploaded by clicking here. It’s one of the Demons from Senegal that I share on a previous post.

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Where to next?

I met Jon on my second journey through the oceans. We instantly became friends, maybe because we were both the newcomers or just because those fate flirtations. So we worked, walked and photographed Europe together.

Such a strong friendship made this contract absolutely perfect. And now he’s getting married: perfect excuse to get tickets and pack my passport.

Next destination: South Africa! Off to my best friend’s wedding.

I have been at theLand of the Big 5 before but only to the south. A day with the Zulus in Durban, Game Reserve experience at Port Elizabeth and the cultural life at Cape Town. I also had the chance to write an article about this country (it is in Spanish and you can find it here).

Such an amazing country, with all its social dilemmas and natural enchantments got under my skin and I am more than happy to been able to go back, to see and learn more from it.

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Español:

Conocí a Jon en mi Segundo viaje por los océanos e inmediatamente nos hicimos amigos. Tal vez porque éramos los recién llegados o quizá por unos de esos juegos del destino. Así que nosotros trabajamos, caminamos y fotografiamos Europa juntos.

Una amistad tan fuerte hizo que ese contrato fuera alucinante. Y ahora se casa: es la excusa perfecta para comprar pasajes y mantener mi pasaporte cerca.

Próximo destino: Sudáfrica. ¡Al casamiento de mi mejor amigo!

He estado antes en el país de los 5 grandes, pero solo al sur. Un día con los Zulus en Durban, de zafari en Port Elizabeth y la vida cultural de Ciudad del Cabo. Incluso tuve la oportunidad de escribir un artículo sobre este país, que pueden encontrar aquí.

Un país tan diverso, con todos sus dilemas sociales y sus encantos naturales supo como meterse bajo mi piel y ahora no puedo estar más contenta de volver para ver y aprender más.

Sunset at the beach

Probably because winter is already here that I miss those hot and sticky summer days.

It’s hard to think I can actually miss the humidity that comes with the summer; but I do miss the sunsets. I miss grab my camera and go with no directions, to anywhere, to take pictures.

The photographs here are from a beach near Colonia del Sacramento, in Uruguay. It is called Matamora and even though I lived the first 18 years of my life so close to it, I had never been there before.

Actually, my brother and I were trying to find another beach (a fisherman’s beach) when we took the wrong turn and ended up in here.

Sometimes, when you get the wrong turn is when you find the most beautiful sights.
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For the love of books

books2You know that feeling of extreme happiness that grows inside your chest when you see on the street a random person reading a book you love? Don’t you just feel instantly bond to that person?

It happened to me in Brussels, Belgium. I was lost (as usual) trying to find the train station to go up to The Netherlands when I pump with the feet of this man. He was sitting at a door step reading The unbearable lightness of being, by Milan Kundera. The story of Theresa and Thomas and how she feels special when walking with a book under her arm. I felt this urge to let him know how much I love that book, how I do feel protected when walking with a book as well.

And I did because I should be shyer when I travel. It was a short but nice conversation, otherwise I would have missed my train and it was not one of those Before sunrise moments.

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I don’t really like the most popular books. I did got like on ecstasies when I found The cuckoo’s calling in a bookshop in Vietnam, but most of the times, I like what most people don’t read. So, when this man on a bus to Colonia told me he knew Kapuscinski, I had that feeling again: we are old friends!

It happened as well, and this is not a happy story, that I went to Trieste, hometown of one of my favorites, Claudio Magris. And I even took with me the book on my travel bag everytime I leave home, Danube. I walked under the rain for no less than half an hour, dragging with me my traveling companion, to that bar where Magris used to go for coffee and writing. Only to find the place was closed.

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My friend Samantha told me she doesn’t like to buy books. She likes the smell of old books so she always goes to the library. I love to buy books. I hardly find anything else interesting enough to spend my money on (shoes and purses don’t count) than books. And that is why I thought they deserved a special place in my blog: here and now.